En el sur de Tucumán fabrican los mejores habanos del país

Tucumán 21 de abril de 2022 Por Redacción ShowOnLine
Andrés Romano y familia producen tabaco y fabrican habanos que venden en todo el país
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Tercera generación de productores tabacaleros, Andrés Romano encaró la producción de puros “made in Tucumán”, publica el sitio Bichos de Campo.

Lo primero que dice es que la idea de hacer puros estuvo siempre presente, ya que desde hace al menos 50 años su familia trabaja el campo produciendo tabaco: su abuelo Marcelo y su padre Sergio se dedicaban a este cultivo (entre otros) mucho, pero mucho antes de que a él se le ocurriera que hacer puros de origen tucumano fuera una idea viable.

En la finca ubicada al sur de la provincia de Tucumán, en Campo Bello, Andrés Romano y familia producen su propio tabaco: “Estamos implementando y haciendo pruebas con variedades de Centroamérica, viendo y analizando cómo se comportan para la elaboración de puros”, explica el emprendedor. “La variedad que más utilizamos es Burley, por supuesto con una manipulación muy diferente a la que usualmente los productores tabacaleros realizan para la entrega a compañías tabacaleras; el manejo para los puros lleva otras exigencias en el tabaco”.

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Esas diferencias tienen que ver con la fertilización y con la cosecha, que debe ser con mucho cuidado y por hoja a medida de que las plantas vayan madurando; en algunos casos se realizan hasta 5 cosechas.

La fertilización es muy controlada ya que si se agregan fertilizantes de más, el tabaco puede llegar a tener sabores muy desagradables producidos por el mismo abono: “La fertilización que realizamos es muy controlada, se realizan análisis de suelo y se hace una evaluación justa de qué fertilizantes necesita para no ponerle de más, luego de eso la fertilización se detiene al menos 40 días antes de cosecharlo, y 10 días antes de la cosecha se hace un lavado de raíz para que el tabaco elimine todo lo que pueda haber dejado el abono”.

Otra diferencia es que cuando pasa la etapa de secado se lo lleva a un tratamiento de curado donde se “empilona”, es decir se crean bultos de alrededor de 700 kilos donde el tabaco incrementa temperatura y de esa manera va liberándose de todas las impurezas y toxinas que pueda llegar a tener. De esta forma también mejora el aroma, sabor y color.

En cuanto al armado de un puro, se realiza totalmente a mano. Se seleccionan las hojas de la tripa (es el relleno, el tabaco que va dentro del puro), del capote (la hoja que envuelve la tripa) y la capa (la hoja más bonita con la que se forra el puro al final).

“Al momento de armarlo se elige una hoja de capote, luego tomamos a pulso la cantidad de tripa que se utilizará dependiendo de la vitola que queramos realizar, enrolamos la tripa con el capote y lo mandamos a la prensa 20 minutos de cada lado hasta que el puro tome un cilindraje uniforme, luego le colocamos la capa, que es la hoja más bonita y elástica para realizar la terminación, cortamos a medida y está listo”.

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La producción actualmente es de aproximadamente 4 a 5 mil puros mensuales para lo cual poseen alrededor de 2 hectáreas en producción, mientras hacen pruebas con otras variedades para ir viendo cómo responden.

En cuanto a vitolas (denominación que recibe el puro, teniendo en cuenta algunas características como el largo y el grosor, que se llama “cepo”) a la fecha hay 8 para elegir: Purito, Panatela, Petit Corona, Corona, Bulldog, Robusto, Churchill y Súper Robusto. Las vitolas más demandadas son Corona, Robusto y Churchill.

La vitola Purito es la más pequeña: mide 10 centímetros de largo y 10 milímetros de cepo. Luego le sigue Bulldog de 10 cm de largo y 18 mm de cepo; Panatela de 12 cm x 10 mm; Corona de 14 cm x 15mm, Robusto de 12 cm x 18 mm; Churchill de 15 cm x 18 mm y por último la más grande de todas: la Súper Robusto, de 15 cm x 25 mm.

“El estacionamiento es lo más maravilloso que puede haber en el mundo de los puros. Es ahí cuando comienzan a redondear sus sabores y mezclar aromas y notas de sabor junto al cedro, como si estuviesen hechos el uno para el otro; cuánto más tiempo permanezcan en las barricas de cedro con una humedad controlada, más ricos se pondrán”, dice Andrés con deleite.

“Tenemos clientes de todo el país con mayor cantidad en Córdoba, Corrientes y Buenos Aires”, describe. “Gracias a Dios los comentarios son muy buenos, nuestros clientes están muy satisfechos y creen que somos los mejores del país, por eso mismo nos siguen eligiendo”.

Andrés destaca que, antes que nada, para prender un puro se requiere paciencia. Lo primero que se debe hacer es comenzar a encenderlo sin cortarlo: hay que encender y agitar para que se cree una presión en la cabeza. Una vez que está casi encendido recién ahí se abre la cabeza (se corta) y se agita nuevamente para que la mala combustión y algunos gases salgan despedidos, luego de eso se vuelve a dar calor y pitar hasta que quede encendido por completo.

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“Lo primero que hay que observar en un puro es su terminación, ver en detalle cuán bella es”, detalla el especialista. “Luego es el momento de oler el tabaco y si bien para quienes lo hacen por primera vez es difícil de explicar, cada vez que vayan fumando más y más sabrán reconocer mejor un puro bueno a través de su aroma”.

“Fumar un puro se ha convertido casi en un ritual de gran disfrute para muchas personas: prenderlo, cortar la cabeza, elegir la bebida con la que se va a maridar y luego percibir sus sabores, sus notas, sus aromas”, describe Andrés. “En lo personal, me gusta combinarlo con vino o café, según el tiempo y el día, pero el maridaje es infinito”.

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